Ante una multitud de 100.000 fieles, el arzobispo Castagna dijo que el pueblo espera pasar de la crisis a la recuperación
CORRIENTES.- Con una espléndida jornada dedicada a "María, mujer
eucarística", alcanzó un punto alto el X Congreso Eucarístico Nacional, al
recibir y honrar a la imagen de la Virgen de Itatí, patrona de Corrientes, ante
unas 100.000 personas que dieron testimonio de su devoción, según fuentes
policiales.
En ese imponente marco de fe, el arzobispo de Corrientes,
monseñor Domingo Castagna, dijo que el pueblo argentino está "sumido en el dolor
indecible de la pobreza, pero recibiendo de ella su firme esperanza en la
Resurrección. Lo importante, para este pueblo es pasar de la crisis a la
recuperación".
Al concluir la jornada, hubo un gesto solidario: se
invitó a fortalecer el compromiso con los más postergados y traducirlo en los
aportes a las colectas de Caritas y de Más por Menos, de ayuda a las regiones
más necesitadas.
Acompañada por una caravana de autos y al costado del
camino, la imagen de la Virgen -que por cuarta vez en la historia salió del
santuario de Itatí- recibió el saludo incesante de los fieles que se acercaban a
verla pasar. La multitud entusiasta y alegre, que resistió el embate de un
fuerte sol, matizado apenas por una suave brisa fresca, no llenó, de todos
modos, los inmensos espacios del campus.
Anteriormente, la imagen de la
patrona, de fines del siglo XVI, había salido de Itatí para su coronación
pontificia en 1900, para una misión mariana convocada por el obispo Francisco
Vicentín en 1954 y para la visita del Papa en 1987. Está vivo el recuerdo de la
lluvia torrencial que esa vez se desató sobre Corrientes.
Emociones y
testimonios
La imagen llegó al campus de la Universidad Nacional del
Nordeste en una camioneta especialmente preparada, dentro de un antiguo cofre de
madera labrada y cristales, resguardado y adornado por un alto baldaquino de
brocato damascado, y embellecido con flores.
Un vivo agitar de pañuelos
saludó su llegada, mientras la multitud acompañaba el canto de un coro formado
por 144 alumnas primarias y secundarias del colegio San José, de las Hermanas de
la Misericordia, y por 90 adultos del grupo coral Itatí.
"¡Es la imagen
original!", exclamó emocionada Silvana Solís, periodista de un canal de
televisión de cable de San José de Feliciano, Entre Ríos. Comentó que hacía un
año había tenido un aneurisma en el cerebro, fue operada y se salvó: "Mi vida
cambió; Dios me quería aquí para lo sirviera".
La gente siguió el rezo
de la mañana, escuchó el Evangelio y cantó el Padrenuestro. Monseñor Castagna
hizo una invocación en la que dijo que no cabe pensar a Cristo y a su Iglesia
sin María. "En su regazo, como Jesús descendido de la cruz, está nuestro pueblo
sumido en el dolor indecible de la pobreza, pero recibiendo de ella su firme
esperanza en la Resurrección", dijo el arzobispo.
"Desde muy pequeños
-evocó- hemos aprendido una fórmula piadosa de especial ternura: "A Jesús por
María". Y señaló: "Ella cuida la pureza de nuestros corazones, recuperada por la
penitencia y orienta nuestro compromiso histórico para hacer de la Argentina un
pueblo fraterno y justo, solidario y respetable, austero y definitivamente fiel
a sus nobles y cristianas tradiciones".
Luego, los obispos y varias
personas se acercaron a besar el vidrio del cofre de la Virgen. Entre otras, se
vio a la madre del joven Cristian Schaerer, secuestrado hace un año. También lo
hizo el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, que por la tarde visitó la nueva
sede de la radio San Cayetano, del arzobispado, junto con la asesora de la
secretaría Vilma Alí, que la noche anterior había explicado una oración en
arameo durante la misa en el campus.
Cuando la imagen se iba, el coro y
la gente cantaban, agitando pañuelos; el director del coro, Santiago Negro, se
llevó una mano al corazón y cerró los ojos, un coche de bomberos saludó con su
alarma, en un clima de fuerte vibración espiritual. "¿Cómo hará usted para poner
en palabras lo que estamos viviendo?", preguntó al cronista María Rosa Jacobo,
religiosa paulina.
El rector del santuario de Itatí, padre Juan Molina,
dijo que la imagen había recorrido barrios, pueblos y parajes, detenida por la
gente, y que llegó a su sede sólo cinco horas después.
Por la noche, el
nuncio, Adriano Bernardini, presidió la misa y expresó que Jesús nos dejó como
don toda su vida, con su silencio, sudores, fatigas, oraciones, luchas,
humillaciones. Luego se expuso el Santísimo Sacramento y comenzó una vigilia de
oración que prenunciaba el cierre del congreso, que concluirá hoy.
Por Jorge Rouillon
Enviado especial
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