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viernes, 10 de septiembre de 2010
  San Nicolás de Tolentino


Embajador Carlos Ortiz de Rosas
en el Ciclo de Cátedras Abiertas Marín College

Globalización

Colegio "Carmen Arriola de Marín"

Miércoles 23 de agosto de 2000


El concepto de que es la "globalización" ha generado las más distintas opiniones. Por mi parte, para preparar esta presentación he leído y estudiado bastante material pero así y todo debo confesar que todavía no tengo las ideas muy claras. A veces, incluso, hasta creo tenerlas más confusas.

Así pues, en lugar de una disertación de corte académico que pueda proporcionarles una cierta orientación sobre el tema me parece mejor que hagamos todos juntos un análisis para ver a que conclusiones llegamos.

¿Existe o no la globalización?

Como si fuera un dogma innegable se suele afirmar sin rodeos que, mal que nos pese, la globalización existe, que es un fenómeno irreversible y por tanto, que es mejor aprovechar las oportunidades que ofrece y no adoptar actitudes negativas que a nada conducen. Es decir, se trata de una simple constatación que no admite prueba en contra.

La mayoría de los autores, analistas y políticos son coincidentes en este sentido. Pero, desde luego, hay voces discordantes. Para citar solo un par de ejemplos. Alain Touraine es un prestigioso sociólogo francés, miembro de las más importantes universidades y academias de su país, que ha dedicado gran parte de sus estudios a la América Latina y, en particular, al cono sur. Hace poco estuvo nuevamente en la Argentina, donde se entrevistó con altas personalidades y recibió una distinción de la Universidad de Córdoba.

Consultado por la prensa acerca de la globalización contestó en forma tajante: "la globalización no existe. Es sólo un juego de palabras" Si bien acepta que se ha creado una sociedad de información, rechaza la idea de que estamos frente a un proceso de transformación histórica que va a terminar con los controles sociales y políticos que el estado ejerce y deberá seguir ejerciendo, especialmente sobre la economía. Y agrega: "No creo que se esté construyendo una sociedad mundial. Nada reemplaza al estado-nación y las culturas nacionales". En cambio admite que "se está tratando de inventar un Estado regional o continental, tales como la Unión Europea o el Mercosur".

John Gray, de la London School of Economics, en su libro "Falso amanecer, los engaños del capitalismo global", argumenta que la liberalización del mercado globalizado no es un producto espontáneo de la naturaleza sino que deriva de la acción concreta del estado, lo cual está probando a las claras que no es un hecho indiscutible ante el cual no es posible o conveniente luchar sino que su existencia y persistencia depende de la voluntad del estado-nación.

Siguiendo el pensamiento de Gray, la respuesta a la pregunta que nos hemos planteado sería entonces afirmativa: la globalización existe, sí, pero como consecuencia y no por exigencias abstractas de los mercados.

En un ángulo algo diferente se sitúa Anthony Giddens, autor del libro "Un mundo desbocado. Los efectos de la globalización de nuestras vidas" y un director de la ya citada y prestigiosa School 
of Economics de Londres. Para él "no hay que mirar a la globalización como una cuestión de mercados sino como un profundo cambio social en todos los frentes, al que hay que responder con nuevas políticas no dominadas por criterios partidarios". "Las demandas de la sociedad -agrega- ya no se hacen sobre carriles ideológicos sino sobre demandas concretas que, si no son resueltas, ponen en cuestión toda la legitimidad de los políticos que se equivocan en sus diagnósticos y recetas". Y termina diciendo: "No sabemos mucho sobre la nueva sociedad globalizada que avanza. Pero debemos actuar con la intención de aprovechar al menos sus oportunidades, porque la globalización es irreversible".

Giddens, al que se supone inspirador de la "tercera vía" del primer ministro británico Anthony Blair, en una corta visita a Buenos Aires, disertó en la embajada del Reino Unido. En esa ocasión tuvo los siguientes conceptos, recogidos por un matutino: "Aquí hay dificultades para comprender las complejidades del proceso de globalización. Si la Argentina no es capaz de entender el fenómeno de nuestro tiempo, no podrá hacer el diagnóstico correcto ni mucho menos poner en marcha una política eficaz contra la crisis socioeconómica".

En un importante seminario internacional realizado recientemente en Buenos Aires, el ex-primer ministro socialista de España. Felipe González, decía lo siguiente a ese respecto: "¿Cómo definiríamos la globalización como fenómeno? Creo que es un proceso de creciente interdependencia de nuestros destinos como naciones. Sin duda, es una interdependencia desequilibrada entre países centrales y países periféricos. Pero esa interdependencia está ahí y los países centrales harían bien en no menospreciarla porque en esta globalización, como en el fútbol, hay equipos pequeños que pueden sacar de la competición a los grandes."

Aceptar esa premisa, que a mi juicio tiene cierta lógica, nos lleva a examinar otros puntos. Por ejemplo, ¿Cuales son los estados que han instalado la globalización y en que rubros?, porque es evidente que no ha llegado ni a todas partes ni en todos los aspectos que hacen a la vida del hombre. ¿Cómo y cuando empezó todo esto?. Hay quines sostienen y con razón que ha habido globalizaciones en épocas pretéritas y ponen los casos de las religiones monoteístas que se expandieron por todo el mundo, como el cristianismo y el islamismo, sin necesidad de métodos modernos de comunicación lo mismo que los ideales de libertad de la revolución francesa de 1789. Pero la pregunta apunta a la globalización actual, la que estamos viviendo (algunos dirán padeciendo) ahora.

Punto de partida de la actual globalización: el fín de la guerra fría . Casí cuatro décadas de guerra fría. Confrontación entre el mundo occidental y el mundo comunista. Ideologías opuestas. Peligro de una guerra nuclear. Rol de Naciones Unidas. Fin del colonialismo. Guerras parciales: Vietnam, Afghanistan, India-Pakistán. 1989: Punto de inflexión Descalabro del 
comunismo y del imperio soviético. Se desintegra el Pacto de Varsovia. El ejército rojo regresa a Rusia. Los países de Europa oriental recuperan su libertad e independencia. El Muro de Berlín. Reunificación alemana. Tratado de París de 1990: fin de la guerra fría. Durante se período, en que vivimos bajo la constante amenaza de una guerra "caliente" de catastróficas consecuencias para la humanidad, se desarrolló una tremenda competencia por el predominio en el espacio ultraterrestre. Los pioneros fueron los rusos, que pusieron en órbita terrestre el primer satélite artificial, el "Sputnik", seguido poco después por otro que contenía el primer ser viviente, la perrita "laika". Bajo el impulso del presidente John F. Kennedy los Estados Unidos no tardaron en reaccionar logrando grandes éxitos, como el desembarco del hombre en la luna.

Lo cierto es que tanto norteamericanos como soviéticos perfeccionaron las técnicas de lanzamiento de mísiles y la instalación de satélites cada vez más sofisticados en el espacio. Muchos de ellos cumplían y siguen cumpliendo misiones de observación con fines militares; otros, dotados de aparatos con tecnologías de ultima generación, están emplazados para servir de instrumentos de comunicación. Reciben y envían señales a la tierra en fracciones de segundos, transformando prodigiosamente el campo de las comunicaciones.

La conquista del espacio puso en marcha la globalización de las comunicaciones. De eso no cabe ninguna duda. Empieza un proceso acelerado y continuo, que sigue sin interrupción su rumbo ascendente. Hoy en día, con sólo poner en marcha un televisor podemos ver en vivo y en directo lo que está pasando en las antípodas. La difusión de las computadoras personales, cada vez más baratas, permite a millones de hogares en todo el mundo entrar en contacto con otros tantos millones de usuarios en todas las latitudes. Por ese medio pueden buscar y obtener informaciones que puedan necesitar como asimismo comprar y vender productos. Las posibilidades que ofrece son tan vastas que es imposible visualizar sus límites. Este punto es tan evidente y conocido que no precisa ser profundizado. Creo no equivocarme al expresar que en todo esto los Estados Unidos juegan un rol preponderante, sino hegemónico.

En ese sentido Felipe González afirma: "El factor desencadenante de este proceso, de esta nueva realidad histórica que hace de este fenómeno algo cualitativa y cuantitativamente diferente a otros procesos históricos es una impresionante revolución tecnológica. En particular la revolución de las comunicaciones. Las barreras del tiempo y del espacio, del tiempo y de las distancias, que son barreras para conectar en este planeta a los seres humanos entre sí, se están reduciendo hasta casi desaparecer. Esta es una realidad nueva y distinta que está cambiando no ya nuestra economía , está cambiando nuestras vidas. Y esto ocurre con tanta rapidez que como no nos da tiempo para adaptarnos suficientemente nos produce cuanto menos angustia y con mucha frecuencia rechazos."

Es un valor aceptado que la globalización ha traído aparejada una extraordinaria y aparentemente hasta ahora inevitable interdependencia y movilidad de las transacciones financieras. Según estadísticas publicadas por la revista "Time" en 1999, por día se intercambian 1,6 trillones de dólares en un mercado financiero mundial que alcanza la fantasmagórica cifra de 86 trillones de dólares!!!.

Y en esa esfera de la globalización financiera, todos los fenómenos están conectados entre sí, lo mismo que las crisis que, originadas en un determinado país o grupo de países, repercuten en terceros países. Tal lo ocurrido en México, con el llamado "efecto tequila", que afectó a muchos países -incluso el nuestro- y que requirió una ayuda masiva de los Estados Unidos (26.000 millones de dólares) y del FMI. Poco más tarde fue el caso del sudeste asiático, seguida por el "default" de Rusia y la devaluación brasileña. No había globalización al final de la IIa. Guerra Mundial, cuando Gran Bretaña declaró unilateralmente que la libra no podía ser convertida a otras monedas. Esta medida, en la práctica significó el congelamiento de los cientos de millones de libras que nuestro país había acumulado en Londres, a raíz de la provisión de abastecimientos de todo tipo para los ejércitos aliados y el consumo del pueblo británico. En el actual estado de cosas una disposición semejante hubiera precipitado un gran malestar entre las monedas fuertes, como era el peso en esa época.

En septiembre de 1998, el Foro Internacional sobre la Globalización, que agrupa a 40 organizaciones de economistas, investigadores, escritores y profesores de 20 países, reunidos en Siena, Italia, dio a conocer una extensa declaración, que en su parte respectiva dice: "Los que suscriben desde hace tiempo han predicho que la globalización económica liderada por las corporaciones y fomentada por las reglas del comercio y las inversiones globales, conduciría a una extrema volatilidad de los mercados financieros globales y a una gran vulnerabilidad para todas las naciones y pueblos. Esta volatilidad está causando problemas económicos masivos en algunas naciones, inseguridad en todas las naciones, privaciones sin precedentes en millones de personas, creciente desempleo en todas las regiones, pérdidas en las condiciones de trabajo, movimientos de poblaciones, tensiones étnicas y raciales y otros resultados desastrosos. Esas consecuencias recién ahora se están poniendo manifiestas en todo el mundo"...

..."Con las obvias crisis en Asia, México, Rusia, Brasil y tal vez pronto en otras partes, incluyendo naciones industriales del occidente, muchos han empezado a reconocer que el experimento de las globalización de los puestos mercados financieros está condenado al fracaso. Las naciones que han puesto controles al acceso de capitales han demostrado tener un más alto grado de estabilidad y estar mejor equipadas para defender los intereses de sus poblaciones". Esta severa evaluación, desde luego, es disputada por muchos otros economistas y autoridades estatales que, por el contrario, consideran que la solución radica en profundizar la liberación de los mercados, adoptando políticas que den garantías de seguridad a potenciales inversores, para que afluyan los capitales e inyecten más crecimiento a las economías.

En el seminario de Buenos Aires que mencioné precedentemente, el Sr. Niguel Lawson, ex-ministro de finanzas del Reino Unido, que comparte este punto de vista, trajo a colación el ejemplo de nuestro país entre los años 1880 y 1930, "que fueron testigos del gran desarrollo de Estados Unidos y la Argentina en la primera globalización, sobre la base del libre movimiento de bienes y capitales. Lamentablemente, en la 1ª Guerra Mundial hubo una regresión hacia el proteccionismo en la mayor parte del mundo, que se reflejó en economías cerradas y que miraban para adentro. La Argentina -agregó- que tenía una base enorme para el desarrollo y el crecimiento, empezó a deslizarse hacia el proteccionismo estatal, a un sistema de monopolios de un tipo u otro y a la falta de competencia, lo que cambió por completo el progreso de la economía".

Como verán Ustedes, abundan las opiniones contradictorias.


Globalización y comercio.

Es este probablemente el flanco más vulnerable de la globalización. Es, al mismo tiempo, el aspecto que concita la mayor adhesión de quienes predican la globalización pero de lejos el menos practico. Es decir, el que conspira contra una mayor aceptación de una globalización, sin condicionamientos, que realmente extienda sus beneficios para todos.

La persistencia de prácticas proteccionistas por parte de las potencias centrales, que son además grandes centros de consumo, perjudica seriamente la libertad de comercio que supuestamente debería ser otra de las características de la globalización. Medidas aduaneras, fiscales o parafiscales, que por temor a la competencia de precios impiden el ingreso de productos agrícolas y ganaderos en la Unión Europea, Japón y EE.UU., entre otros, directamente perjudican a productores eficientes en esos rubros, como la Argentina, que ven así mermadas sus posibilidades de acrecentar su economía y mejorar el nivel de vida de sus pueblos.

Años de gestiones a través de diferentes gobiernos no han dado como resultado más que algunas vagas promesas pero que nunca se han reflejado en la liberación de los mercados. Allí la proclamada globalización no llega. Incluso, en algunos casos, ciertos miembros de la Unión Europea se manifiestan partidarios del levantamiento de esas restricciones pero finalmente terminan escudándose en que las políticas al respecto son adoptadas por todos los  integrantes de la Unión y no sólo por ellos, de manera que no se logra ningún progreso.

Esta situación está afectando en la actualidad a los estados de Europa oriental que antes estaban bajo la órbita soviética y que ahora claman pro ingresar a la Unión Europea. Sucede, sin embargo que esos países tienen grandes sectores agrícolas y si fuesen incorporados, debería reformarse la Política Agrícola  Común, disminuyendo sensiblemente el nivel de protección vigente en la actualidad. Eventualmente dependiendo de cómo y cuándo se haga, esa posibilidad podría beneficiar a la Argentina y el Mercosur.

Y a propósito del Mercosur, también nuestra integración regional establece aranceles para productos externos con el propósito de favorecer la producción local y el intercambio comercial entre los cuatro países. Es decir, en menor proporción, imitamos también las políticas de la Unión Europea. Ese es el principal  obstáculo que impide el ingreso de Chile como socio pleno, ya que el país transandino tiene aranceles 0 o mucho menores a los nuestros para la mayoría de sus importaciones.

El Presidente, Dr. Fernando de la Rua, refiriéndose a la globalización ha dicho: "Se caracteriza por una apertura creciente de la economía pero hay excepciones, porque los países que producimos principalmente productos primarios tenemos que sufrir la discriminación de los mercados que ponen barreras arancelarias o para-arancelarias para nuestros productos, lo cual constituye una forma clara de discriminación. Venimos bregando, entonces, para que la apertura sea real y completa.

Muy distinta sería la situación de nuestras economías con mercados abiertos porque ahí es donde tenemos mayores ventajas comparativas. Podríamos acceder a precios mucho mejores que mejorando las relaciones de las balanzas comerciales amortiguaran los efectos del volumen de las deudas públicas que aún subsiten."...

...Queda claro para mí que mientras esto ocurra la principal defensa es consolidar los mercados internos, lo cual no significa cerrar la economía sino todo lo contrario, defender el mercado interno e incluso ampliarlo. Esta es la experiencia de Europa que ha logrado para todos los países que integran la Comunidad Europea un desarrollo formidable, porque son un mercado interno ampliado sin barreras, sólido y potente."

Un intento para eliminar esas trabas al comercio está dado por las negociaciones iniciadas entre los dos bloques regionales -Mercosur y la Unión Europea- para procurar concesiones recíprocas. Hasta ahora solo ha habido expresiones de buenos deseos.

Con cifras en la mano no cabe duda que la era de la globalización ha dado un gran empuje al comercio entre las naciones. Es decir, se ha registrado un crecimiento substancial en casi todas las regiones. En las más postergadas, como África, este fenómeno ha llegado sólo muy parcialmente.

Dicho esto, también es cierto que la apertura a los flujos comerciales y al libre acceso de capitales ha generado no pocos nuevos problemas. Dos de entre ellos deben ser  imperativamente resueltos con urgencia, so riesgo de que crezca el desaliento y el descontento entre quienes más los sufren. El primero, es el ya mencionado de las asimetrías en la aplicación de las políticas comerciales; el segundo, es la creciente desigualdad que provoca en la distribución del ingreso, causando serias penurias a los sectores más desprotegidos.

Sobre este último factor hay una rara coincidencia general de criterios. Una sesión especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas, reunida en Ginebra para analizar la situación económica y social en el mundo, llegó a la conclusión el mes pasado que la pobreza, la desigualdad y la inseguridad han aumentado desde el lanzamiento de la globalización. Según un informe preparado en conjunto por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica y las Naciones Unidas, el número de personas que viven los límites más bajos de pobreza, ha pasado en los últimos cinco años de mil millones a mil doscientos millones de indigentes.

La economía de las 30 naciones más pobres ha ido decreciendo constantemente. De las regiones en vías de desarrollo la única que ofrece un panorama más alentador es Asia, donde el índice de pobreza ha ido en disminución en los últimos cinco años. En cuanto a la América Latina, si bien ha habido un evidente progreso económico durante ese período, el informe constata que ha sido vivado por un aumento sensible en la desigualdad entre ricos y pobres.

Por su parte, un estudio de la Organización Mundial de Comercio señala que los países en vías de desarrollo que han abierto sus economías, es decir, que han resuelto participar en la economía global, han sido los más exitosos en tratar de alcanzar a los países desarrollados mientras los que han optado por permanecer al margen tienden a languidecer.

Quien fuera durante muchos años Director Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional, Michel Camdessus, estuvo hace poco en Buenos Aires para participar en distintos foros donde hizo conocer sus reflexiones sobre la globalización. En sus disertaciones sostuvo que hay dos prerequisitos básicos: dar por sentado que la globalización ha llegado y que es necesario aceptar sus desafíos para aprovechar sus oportunidades e introducir las correcciones indispensables para que los beneficios que de ella derivan se extiendan a todos y no sólo a una clase privilegiada.

"Una de las dificultades mayores que encuentran ahora los países en su búsqueda de la excelencia en el manejo económico y social -dijo- es el hecho que la globalización se suele  acompañar de una creciente desigualdad en la distribución del ingreso. Hasta ahora hemos prácticamente fallado en modificar esa situación y la América Latina tiene lamentablemente el  récord mundial y poco envidiable de incidencia de la desigualdad. Es preciso reconocer la gravedad del problema y empezar, al menos, a experimentar soluciones y no seguir considerando este tema como tabú"..."Después de las crisis de esta década sabemos bien que la pobreza, para un mundo que se globaliza, es el riesgo sistémico máximo".

Retomando esa línea de pensamiento, en una conferencia pronunciada en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), insistió en la necesidad de "adaptar la arquitectura financiera internacional al nuevo mundo globalizado, identificando y corrigiendo las deficiencias que se han manifestado, en especial, en lo que hace a las desigualdades económicas y sociales que provoca." A renglón seguido hizo este grave pronóstico, que merece una profunda meditación: "Si las ventajas de la globalización no se hacen sentir en los sectores más  empobrecidos, puede ponerse en peligro la vigencia misma de la democracia en los países más afectados."

El Ministro de Economía, Dr. José Luis Machinea por su lado afirmó en el Foro Argentina-Unión Europea lo siguiente: "Deseo traer a este ámbito el tema de la marginalidad y la pobreza. Estoy convencido que la globalización no genera más pobreza. Por el contrario creo que es una oportunidad para integrar a nuevos sectores y a nuevos países al circuito de la producción moderna.  Sin embargo, lo que sí genera la globalización es la obsolescencia del modelo tradicional del estado de bienestar. No debemos lamentarnos por ello ni paralizarnos en una actitud nostálgica. Sí tenemos en cambio la obligación moral de encontrar nuevas formas de protección y de incorporación para los excluidos, brindándoles las oportunidades que hoy no tienen."

Como Ustedes podrán advertir el tema se presta a toda clase de observaciones. Están los críticos acérrimos de la globalización; los que la defienden con el mismo entusiasmo que los profetas; y también aquellos que, aún aceptándola como un dato de la realidad, estiman ofrece no pocos defectos que deben ser eliminados.

He citado algunos testimonios que he creído interesantes. Podría añadir muchos otros pero se alargaría esta charla y el tiempo es inexorable. Con todo, creo que con lo dicho tenemos un cuadro bastante completo.

Veamos ahora, aunque brevemente, otros campos en los que también hay secuelas de lo que podríamos llamar "globalización política".

Globalización y soberanía: el principio de no-intervención en los asuntos internos de los estados versus el llamado "deber de injerencia".

Caso típico: Kosovo. El cambio de la OTAN de alianza defensiva a ofensiva. La invocación de causas humanitarias. Somalia.

Crecientes limitaciones a las jurisdicciones nacionales. El caso Pinochet (Juez Garzón) y ahora del Mayor Olivera.

Interdependencia de las naciones. En ejercicio de su soberanía los estados aceptan ciertas restricciones, como en el caso de la protección del medio ambiente en aras del bien común; el respeto a los derechos humanos; la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, etc. El mismo criterio es de aplicación respecto de las integraciones regionales: Mercosur, Unión Europea, ALCA, etc.

Quiero cerrar con un tema al que asigno una gran importancia: la invasión pacífica cultural de la globalización.

La nueva economía y más específicamente la revolución de las comunicaciones por Internet está afectando normas de comportamiento al introducir nuevas pautas culturales, modismos, expresiones  idiomáticas y costumbres extrañas que pueden socavar la idiosincrasia de los pueblos que no tienen profundas raigambres naciones.

Advertencia del Presidente Jacques Chirac





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